domingo

I

No hay que confundir señor, que sí bien en este día, a esta hora y en esta situación me siento y estoy triste, no es un estado ni permanente, ni mayoritario en mi.

Hoy la tarde esta nublada y a lo lejos el atardecer se pinta de rosa, naranja y un rojo como si le hubiésen pasado un zarpazo y el cielo estuviése sangrando, el clima es templado inclinándose al frío, y el viento te azota la cara al igual que en los últimos días la vida al corazón...

...pero no hay que confundir. Que en días como hoy quiera gritar, patearle los huevos al mundo, mentarle su madre al presente y escupir al suelo no quiere decir que sea mi único estado.

A veces también tengo derecho de estar triste y de hundir mi rostro entre mis manos, qué no?

Mis sentimientos, mis pensamientos, erróneos o correctos también valen, también cuentan y también tienen derecho...

Pero no se confunda, señor, que también hay algo más que es cierto:

Hoy, al igual que ayer, tengo más motivos por los cuáles sonreir y estar feliz que por los cuáles estar triste.

Y es por eso que cierro los ojos y recibo ese fuerte y penetrante olor a tierra mojada, mientras el viento arrecia invitándome a abrir los brazos...

...y volar...